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Dos trabajos recientemente publicados
en una de las mejores revistas científicas del mundo
destacan que la mayoría de las noticias médicas
aparecidas en los medios de comunicación se refieren
a investigaciones en marcha, sólo con resultados
parciales o preliminares, no suficientemente contrastados
ni aceptados por la comunidad científica. En ocasiones
estas noticias pueden crear confusión y falsas esperanzas
a los pacientes afectados por las enfermedades que son objeto
de investigación.
Ramón y Cajal, en sus "Reglas
y Consejos", ya advertía a los profesionales
de la sanidad de lo peligroso que era ser demasiado partidario
de los "últimos avances", sobre todo cuando
no estaban suficientemente contrastados o avalados por la
comunidad científica. Gregorio Marañón
llegó hablar de la "superstición de los
conocimientos de última hora" para advertir
de los peligros de incorporar demasiado pronto a la terapéutica
los últimos hallazgos y avances. Sin embargo, esta
prudencia que tienen aprendida y asimilada los profesionales
sanitarios, no suele encontrarse en los medios de comunicación.
La noticia, para ser noticia debe ser reciente e impactante.
Esto, traducido a la sanidad, puede suponer exagerar, de
forma inconsciente, los resultados de una investigación,
las ventajas de un nuevo fármaco, o el alcance de
una nueva técnica diagnóstica. Cualquier profesional
ha esbozado una sonrisa al ver algunas de las imprecisiones,
deslices y otras ingenuidades que aparecen en las noticias
publicadas sobre su especialidad. Pero hasta ahora nadie
se había dedicado a estudiarlas de una forma sistemática.
Dos recientes trabajos publicados en el Journal of the American
Medical Association - más conocida como JAMA - han
estudiado la información que recogía la prensa
sobre los resultados presentados en cinco congresos médicos
celebrados en 1998. Se encontraron una media de 50 noticias
aparecidas en prensa por cada uno; Los cinco periódicos
de mayor tirada en Estados Unidos publicaron al menos nueve
noticias sobre ellos.
Estas noticias se referían a un total de 147 trabajos
presentados en los distintos congresos. Sin embargo, en
las notas publicadas en la prensa no se tenía en
cuenta las limitaciones de estos estudios. Así el
16% de estos trabajos eran investigaciones sobre animales
de experimentación o muestras de laboratorio, por
lo que su verdadera importancia en el tratamiento de humanos
estaba por determinar.
Tampoco se citaba en la prensa que otro 21% de los trabajos
a que se referían eran estudios de menos de treinta
pacientes, por lo que era prácticamente imposible
extrapolar sus resultados a la población general,
siendo necesario comprobar los resultados en un número
mucho mayor de pacientes. Incluso, los autores de los trabajos
del JAMA, comprobaron que pocos de los científicos,
a cuyos trabajos se referían los periodistas, estaban
conformes con lo que había salido en la prensa sobre
sus investigaciones. Por otro lado, se comprobó que
estas noticias podían crear falsas expectativas o
ansiedad entre los afectados por las enfermedades a las
que se referían las investigaciones.
Por todo esto, parece recomendable tomar con la suficiente
prudencia cualquier noticia relacionada con la salud que
pueda aparecer en los medios de comunicación, y recordar
siempre, que la mejor fuente de información son los
profesionales sanitarios.
Para saber más:
· JAMA 2002; 287: 2775-8
· JAMA 2002; 287: 2856-8
· JAMA 2002; 287: 2859-63
· Gregorio Marañon. La Medicina y Nuestro
Tiempo. 5ª Edición. Espasa Calpe. Madrid 1980.
Dr. José María Alonso
Herreros
Jefe Unidad Técnica Farmacia Hospitalaria
Hospital General Universitario de Murcia
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