Para que los medicamentos sean
eficaces hay que tomarlos. Esta afirmación de
aparente frivolidad esconde una realidad incuestionable:
frecuentemente el paciente no sigue el tratamiento prescrito.
Y de poco sirve el enorme esfuerzo humano y económico
empleado en conseguir fármacos más eficaces,
buscar las mejores evidencias sobre los tratamientos
más efectivos y utilizarlos de la forma más
adecuada, de acuerdo a las características de
los pacientes, si, al final, estos últimos no
los toman correctamente7.
Pues bien, en los últimos
años se han acumulado las evidencias que indican
que el cumplimiento terapéutico (CT) o mejor
dicho, el incumplimiento terapéutico, constituye
un problema sanitario de primer orden a escala mundial
(afecta tanto a países desarrollados como en
vías de desarrollo), hasta tal punto que algunos
autores han llegado a considerarlo el principal problema
sanitario de hoy en día8.
Desde el punto de vista epidemiológico,
el porcentaje de pacientes que no toman adecuadamente
la medicación prescrita varía en función
del grupo farmacológico y el tipo método
de evaluación, pero en el caso de los tratamientos
farmacológicos se cifra en torno al 45-65%9,
siendo las consecuencias de ello completamente impredecibles.
Estas cifras son válidas también para
nuestro país10. Se ha estimado que sólo
una tercera parte de los pacientes toma la medicación
tal como le ha sido prescrita, otra tercera parte
la toma sólo ocasionalmente y el tercio restante
no la toma nunca11. En el caso del tratamiento no
farmacológico (medidas higiénico-dietéticas)
el cumplimiento terapéutico (CT) es tan sólo
del 10-30%12. En el caso de la asistencia a las visitas
programadas, los niveles de incumplimiento son del
19-28%13. A pesar de estos datos, nuestro conocimiento
de la dimensión real del incumplimiento sigue
siendo incompleto, resaltando la falta de información
relativa a subgrupos de poblaciones de pacientes tales
como adolescentes, niños, o desfavorecidos.
Desde el punto de vista clínico,
el incumplimiento conlleva numerosas e importantes
consecuencias negativas: aumento del fracaso terapéutico,
aumento de la morbilidad y mortalidad relacionada
con la enfermedad, reacciones adversas (en caso de
sobre-utilización o abuso), así como
al aumento de la resistencia al tratamiento, éste
último de especial relevancia en el tratamiento
antibiótico y antiviral14. En términos
de salud pública, estas consecuencias dan lugar
a lo que se ha venido en llamar pobres resultados
en salud (poor health outcomes). Así se ha
observado una relación inversa entre incumplimiento
y el control de pacientes con diabetes, hipertensión
e hiperlipidemia15, así como en asma16. En
pacientes con SIDA la adherencia no sólo es
un buen predictor de la supresión viral y la
recuperación inmunológica, sino que
además está asociado a un aumento de
la supervivencia17.
Las implicaciones sociosanitarias
de este incumplimiento son múltiples. Las repercusiones
económicas suelen ir asociadas a las clínicas:
el incumplimiento del tratamiento de la hipertensión
se ha asociado con un aumento de visitas médicas,
de ingresos hospitalarios, prolongación de
la estancia hospitalaria y en definitiva con un aumento
de los gastos sanitarios18,19. Se ha señalado
que un 23% de los ingresos en las residencias de ancianos
se debe a la incapacidad de los pacientes para valerse
adecuadamente por sí mismos con la medicación20.
Otros efectos negativos asociados
al incumplimiento incluyen deterioro en la relación
médico-paciente, valoración errónea
de la eficacia real del tratamiento, almacenamiento
de los medicamentos no consumidos en los botiquines
caseros con el consiguiente riesgo de intoxicaciones
o automedicación irresponsable.
El problema dista de estar resuelto. Como señala
Dunbar-Jacob et al, hasta muy recientemente la investigación
en CT se ha centrado en aspectos de prevalencia, metodología
de investigación y desarrollo de medidas de
evaluación del CT, habiéndose prestado
mucha menos atención al diseño y estudio
de estrategias de mejora del mismo.21 En este sentido,
nada mejor que las conclusiones de la reciente revisión
de Haynes22 para resumir la situación actual:
· Los niveles de CT
actual no permiten realizar el máximo beneficio
potencial que pudiera derivarse de los medicamentos.
· Existe una necesidad
de innovaciones que ayuden al paciente a tomar la
medicación.
· El aumento de la efectividad
de las intervenciones destinadas a la mejora de la
adherencia podría tener un impacto mayor en
la salud de la población que cualquier tratamiento
médico específico.
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